ANALISIS “La desigualdad no ha aumentado, ha disminuido”

ANALISIS “La desigualdad no ha aumentado, ha disminuido”

En un análisis producto de sus trabajos de campo en el Perú, el reconocido economista e investigador y expresidente del BCR Richard Webb demuestra claramente que es palmariamente falso que la desigualdad haya aumentado en el Perú en las últimas décadas y que, muy por el contrario, la desigualdad ha disminuido radicalmente.   

”Hace 30 años se puso en marcha el modelo económico aún vigente”, señala, y “con el tiempo se ha ido formando un veredicto sobre ese modelo: que fue un acierto en lo económico y un retroceso en lo social”. Ese juicio es aceptado de manera acrítica y no es cuestionado ni siquiera en las esferas académicas, mucho menos en el debate político.

“Se aduce que el modelo habría elevado la desigualdad, agravando las tensiones sociales y amenazando la gobernabilidad”, indica Webb. “Pero las encuestas de hogares en todo el país no coinciden con esa crítica. Las familias que más se han levantado durante el régimen del actual modelo económico han sido las más pobres. Si nos fijamos en el decil más pobre de todos los hogares (casi un millón de familias), su ingreso promedio se elevó en 6,2% al año entre el 2001 y el 2019. El siguiente decil en la escala de ingresos, un toque menos pobre, también gozó un fuerte aumento en su ingreso promedio, de 5,4% al año. Por comparación, el ingreso promedio del decil más rico del país gozó una mejora de solo 1,5% al año, y el segundo decil más rico, una mejora de 3,0%. Esas diferencias a favor de los de abajo, acumuladas a lo largo de dos décadas, han significado una importante reducción en la desigualdad”, demuestra a las claras.

FORMALES E INFORMALES

Richard Webb añade que “el cálculo es posible desde el año 2007, cuando el INEI empezó a distinguir entre los formales e informales. Sorprendentemente, desde entonces el ingreso promedio de los trabajadores formales de Lima se ha mantenido estancado en términos reales, el de los limeños informales se elevó 1,2 % al año, mientras que el trabajador informal rural de la Sierra vio mejorar su ingreso a una tasa promedio de 3,4 %”, revela.

“Personalmente, no me sorprende el dinamismo estadístico de los más pobres de la Sierra, habiendo visitado diversos distritos en algunas de sus zonas más pobres. En todas, estaban a la vista nuevos negocios y formas de vivir”, dice. “Lo que queda claro es que las encuestas familiares contradicen la acusación al modelo iniciado en 1990 de ser un creador de desigualdad. Incluso, la evidencia sugiere lo contrario. Si nos guiamos por los datos disponibles: el modelo económico no solo no agravó la desigualdad sino parecería más bien estar reduciéndola”.

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